viernes, 5 de junio de 2009

Y sigo diciendo...

Sospecho que el deseo... puede que no tenga ningún límite.
Pero encuentra un stop en lo moralmente correcto, o al menos... un ceda el paso.
Esta idea me relaja, me alegra, me hace pensar que quizás... a esta sociedad aún le queda algo de humano, a pesar de que este mundo nos corrompe a cada paso.


Quizás sea el deseo lo único que no deja que una historia finalice, aunque sus protagonistas la finiquiten, aunque continue como una historia ficticia que sólo reside en la mente de sus protagonistas, movida por hilos que provienen de los recuerdos, de las fantasías, de los olores, de la incertidumbre, del... aburrimiento?.
Y quizás nace, o aterriza, en alguna mirada... que se escapa, o que se encuentra. Quizás sea una puerta que se queda abierta... y que también nos mantiene vivos, humanos, débiles, vulnerables... al fin y al cabo... humanos mundanos, con todo lo bueno y todo lo malo que eso conlleva.

Pero si una cosa he aprendido es que el deseo encuentra límites en aquéllo que sólo los sentimientos tienen licencia para traspasar (o así debería de ser), eso también es bueno, le pese a quien le pese.

A mí no...

Y por supuesto un sentimiento no es una cuenta a deber, lo que hagas de corazón hoy nadie jamás te lo devolverá, porque quizás no haya sentimiento semejante para el intercambio, nació por generación espontánea, es un regalo, y como todo regalo... el afortunado es quien lo da y no quien lo recibe, porque quien lo da era tan rico... como para generarlo, lo que tú hagas con él...ya no es cosa mía.

Y tenías razón... no era el mejor.

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